
Nebraska Flores Espín
Artista visual e investigadora ecuatoriana cuyo trabajo reimagina la manera en que habitamos la atmósfera a través de dinámicas experienciales. Su práctica se centra en la creación de ambientes de convivencia y atmósferas emocionales, utilizando como estrategia los micromundos que emergen de lo matérico, la ecología y las vidas no humanas. Desde esta perspectiva, concibe hábitats y espacios de coexistencia que invitan a repensar nuestra relación con la naturaleza y el entorno, entendiéndolos no como una dimensión lineal o vacía, sino como una serie de momentos convergentes que habitamos y percibimos.
Su obra abarca la instalación, la escultura, la fotografía y los libros de artista, explorando el potencial poético y simbólico de la naturaleza y la atmósfera. A través de tensiones entre el orden y el azar, lo visible y lo invisible, busca generar hábitats que desafíen y traspasen los límites espaciotemporales normativos.
Actualmente cursa el Máster en Investigación en Arte y Creación en la Universidad Complutense de Madrid, gracias a una Beca Fundación Carolina y la Beca UCM. Ha sido galardonada con el Premio Bienal SACO (2024), otorgado por la Bienal de Cuenca Quizá Mañana y la Bienal SACO Arte Contemporáneo, y el Premio Arte Emergente 570 (2023), en convenio con PUCE, la Carrera de Artes Visuales y la Galería N24. Su trabajo ha sido exhibido en diversos espacios culturales y galerías en Ecuador y España.
Soplo de un nido
Instalación. Papel y cera de abeja vegetal.
2025
Esta obra consiste en un proyecto de investigación y creación artística que imagina refugios de coexistencia inspirados en arquitecturas no humanas (nidos, panales, colonias), entendidos como escrituras vivas realizadas por organismos constructores. Así como las abejas recolectan polen o las avispas generan su propio papel, el proyecto recoge libros descartados y cera para levantar un espacio suspendido que respira: un nido-libro que habita la atmósfera. La instalación trabaja con la materia vibrante, en lugar de considerarla inerte, y propone así una xeno-arquitectura que no imita la naturaleza sino que dialoga con sus ritmos y gestos mínimos. Frente al colapso ecológico, este proyecto propone una forma de resistencia basada en la interdependencia, aprendiendo de otras formas de vida para imaginar modos de colaborar con el mundo desde el cuidado y la responsabilidad compartida.




