
Jocsan Prado (Hocsan) es artista transdisciplinar, mediadorx e investigador. Su práctica entrelaza escultura, música, audiovisual e intervenciones de arte público basadas en memoria territorial y comunitaria. Se reconoce en re-vinculación con el territorio Qwastu (Pasto), de donde vienen sus genealogías. Su obra busca ser un gesto de resistencia y transformación desde el arte, explorando identidad, violencia sistémica, prácticas decoloniales, y la revitalización de saberes ancestrales y espirituales en conexión con las plantas de poder.
Actualmente cursa Artes Plásticas en la UCE y estudió música en el Núcleo de Pichincha de la CCE. Es compositor e intérprete en Ritual Pagano (2019), coautor del álbum Árbol de mi Sangre (2023) y su documental (2025). Desde 2022 forma parte de Lab Colectiva. Ha mostrado su trabajo en el Banco Mundial, Yaku Museo del Agua, CAC, FAUCE y el 1er Festival de Arte y Educación del Chocó Andino Urcutambo.
Eliana es artista transdisciplinar, mediadora educativa y tejedora migrante. Se reconoce en proceso de (re)vinculación con los pueblos Kitu Kara y Qwastu (frontera colombo-ecuatoriana), desde donde provienen sus raíces. Su práctica entrelaza movimiento, palabra, tejido y lenguajes digitales desde una mirada feminista comunitaria y anticolonial. Explora vínculos entre cuerpx, territorio, memoria y medicina ancestral.
Impulsa procesos de creación y mediación en Lab Colectiva (2020) y Casa Carmen (2024). Ha participado en experiencias territoriales en Kitu, el Chocó Andino y Manabí, y en espacios como FAUCE (2022–2025), FIDAE XIII–XIV, el VI Festival del Chocó Andino (2023) y el CAC (2024). Estudia Danza en la UCE, es diplomada en Feminismos Comunitarios (UNJu, 2024) y graduada en Diseño Gráfico y Multimedia (IAVQ, 2013).
Katsa Su Awa
Instalación multimedial. Video e instrumentos experimentales construidos en andesita, mármol, guadua, bambú y yute.
2025
Katsa Su significa “Gran Territorio” en lengua Awapit. Esta instalación multimedial emerge como un gesto de memoria y resistencia frente al borramiento histórico y sistemático del pueblo Awá, reconocido en riesgo de exterminio físico y cultural. La obra combina dos litófonos que reinterpretan al rondador awá en desuso, una pieza de video y dos composiciones que incluyen Awapit y Qwastū, lenguas barbacoanas entrelazadas como hilos poéticos. A través de la resonancia de la piedra, la performance de una abuela y la fusión de tonadas awá y música medicina, el espacio invita a escuchar, tocar y activar un territorio sonoro colectivo. Más que representar, busca resonar: abrir un lugar donde archivo, sonido e imagen emergen de un proceso de reconexión con los saberes antiguos. La escucha se vuelve allí un acto de resistencia y cuidado frente a la violencia extractivista y el olvido.




